REVISTA DE LIBROS

Domingo 1 de Noviembre de 2009

Entrevista Nuevo libro:
Marta Blanco rescata a la ballena Mocha

Desde "una suerte de improvisación memoriosa, desde la libertad de la imaginación para desbaratar la planicie esteparia de la vida", la escritora chilena da vida a esta Memoria de ballenas , en la que convergen materiales disímiles y caóticos, "la majamama".  
M. T. C. No se anda con chicas, Marta Blanco (Viña del Mar, 1938). Ocho años después de la publicación de La emperrada , vuelve a la novela con Memoria de ballenas (Uqbar). La memoria, el mar y la ballena Mocha son sus protagonistas. Inmensos, inabarcables, misteriosos y atemorizantes. Por si eso fuera poco, instala en el centro de su relato al lenguaje. Con él juega, lucha, se divierte, lo desafía y le saca brillo. Lo rescata. Tal como a la ballena Mocha. Tal como a la memoria. Esa memoria que guardan las abuelas de un pueblo que parece extinguido, pero que Marta Blanco se las arregla para ir a buscar en una caleta de pescadores. La caleta de Zapallar. "Cada historia es una abuela -escribe-, nunca la misma, y una es todas las abuelas cuando entra en la memoria y va contando". Así, para atrás para adelante, la memoria permite aunar las voces de abuelas centenarias y recientes, quienes cuentan la vida de los suyos y de paso van dando luces sobre la historia y los mitos de la nación.

-¿Por qué te interesó recuperar el habla popular?

-Me interesó lo coloquial, le da un tono natural a la invención (que nunca es tanta), una veracidad que muchas veces escapa de la narrativa contemporánea. Soy novelista y me ha costado mucho desenterrar las que llamo voces verdaderas, los ritmos y las palabras, sin caer en el criollismo, que ya cumplió de sobra su etapa contadora. El pueblo no es la ciudad. El pueblo no es acultural o bárbaro. Más bárbaros son los que dialogan con la complejidad que les han impuesto Freud, el cine o la televisión doblada. Eso asesinó la naturalidad. Hoy leo a cada rato textos y conversaciones que parecen traducidas. Es el quintral de la palabra, un mal que se pega y vive del lenguaje, lo deteriora y distorsiona. Y tampoco es tan claro: se me metió un ritmo, me entró la voz desposeída de su propia importancia, una voz que es a la vez un mutismo y un tono austeros y vivos. El pueblo vive en el lenguaje. Hablan como tejen. Hombres y mujeres, en las caletas, tejen. Unos, redes, otras, chalecos, pantuflas, chales. Yo tejo historias. Me acomodó contar esta novela olvidando las noticias, el imperio de la moda, las horribles palabras contemporáneas entre las que destaco "noticiero" (yo no veo noticies, veo noticias), términos como "flujo vehicular", que suena a enfermedad contagiosa, o "evento" por un hoyo en la calzada. Si se atreven a hacer esto, ¿qué de malo puede tener la majamama?

-¿En qué momento la ballena Mocha inundó tu relato?

-La Mocha entró cuando descubrí el origen del nombre de Moby Dick. Y me sentí estafada, expropiada. Es una ballena mitológica de los antiguos mapuches llamada Trempulcawe, cuya misión era llevarse a los muertos sobre el lomo a la isla Mocha. Se le pagaba con llancas, unas piedras semejantes a la turquesa que pagaban el transporte. Costaba más si llevabas a tu perro, pero era mucho más caro llevar a tu caballo. La Mocha no inundó mi relato. Ella es la inmensa depositaria de nuestra Antigüedad, la que se manifiesta aún en muchas mitologías chilenas. El mito es anterior a la historia, y aquí hay desconocimiento cabal de la historia. El mito es el Chupacabras y el Trauco, el Caleuche, la Pincoya. Agrego a doña Mocha porque siempre debió estar ahí.

-¿Compartes con el crítico Javier Edwards el calificativo de "revolucionario" para tu acto de nacionalizar la ballena Mocha y "expropiársela" a Melville?

-No sé si lo comparto. Nunca lo dije. Pero es una manera de decir que renové, espero, nuestra noción de las notables ballenas que surcaron el Pacífico desde tiempos inmemoriales. Cuenta Bouganville que en su viaje en el Astrolabio, habiendo ya cruzado el Estrecho, los rodeaban muchísimas ballenas. Casi las exterminaron los balleneros. Las estamos recuperando. Yo pienso que si recuperé a la Mocha no deja de ser revolucionario, y si la nacionalicé, mejor aún. Fue mi intención, supongo. La conté, la encontré maravillosa y, sí, pertenece a lo real maravilloso, eso que vio Carpentier en la América Hispana. Quien mire bien este continente tan mirado en menos descubrirá estas cosas. Comala y la Mocha, Macondo y la ciudad de los Césares, Caucauvilú y la Tirana...

-¿La literatura chilena estaba en deuda con la ballena blanca?

-No creo en las deudas históricas. Creo en la invención, la búsqueda de fuentes de energía renovables. Y la Mocha estaba escondida, olvidada, aunque no perdida. Fue un rescate inesperado, y me dio esa energía de lo nuevo, lo desconocido, lo improbable. Contar no es retratar. La invención es anterior a la palabra, y el lenguaje -qué invento, el lenguaje- nos da la posibilidad de contar para saber (y saber para contar).

-¿Siempre son las mujeres, las abuelas en este caso, las depositarias de la memoria?

-No soy sociólogo, no soy psicoanalista, soy novelista. Cuento desde una suerte de improvisación memoriosa, desde la libertad de la imaginación para desbaratar la planicie esteparia de la vida, para desordenar los conceptos tradicionales del amor, el desamor, el trabajo y la vida. La vida y la muerte. Con suerte, la resurrección. En la memoria hay un substituto de lo obvio, del día a día, nada mejor para curar del aburrimiento a un aburrido que agarrarlo con la imaginación y revolcarlo en esa ola de imposibles posibles. Esto no es una característica femenina. Los grandes contadores han sido hombres. La mujer, ¡ay!, tiene que luchar mucho para contar y para ser. Eso de la costilla es muy fregado. Pero, claro, las abuelas cuentan. Las abuelas tienen más cosas embutidas en la memoria y han vivido más vida. Los hombres le huyen al recuerdo. No me refiero a los escritores, naturalmente. Somos algo así como el bote salvavidas de una sociedad concreta, buena para los negocios, práctica y cotidiana. Los novelistas no son cotidianos, no andamos en línea recta. Creo.

-Dices que la ballena Mocha es asesina desde que un arponero mató a su ballenato frente a su ojo que no olvida. ¿Fue una manera de humanizar a la ballena darle memoria para guardar el dolor?

-No quise humanizar a la ballena ni ballenizar a los humanos. Hablo de la venganza, asunto inevitable entre los vivos. En cuanto al ballenato, yo creo que esa es la historia de la Gran Mocha. Así se me dio. No puedo contradecir a un personaje que se me planta delante con tanta firmeza.

-"El secreto para guardar en la memoria las vidas antiguas es hablar con el yo". ¿Ha sido también el secreto de tu literatura?

-Citas una frase que dice una abuela. Era, probablemente, analfabeta. Como escritor, la primera voz es más potente y recurrir a ella es casi inevitable si queremos contar hoy día. El pasado y el presente se funden en el tiempo y el espacio. Demos gracias a Einstein y hagamos uso de un tiempo que va y viene. Todos vivos a la vez, ¡qué gran licencia narrativa!

-En la novela hay mitos, historia con mayúscula, historias privadas, crónicas, imaginación... ¿Cómo organizaste toda esta "majamama"?

-Con mucho trabajo posterior a la escritura. Con la licencia narrativa que me obliga a la libertad. Con Rabelais y su Pantagruel, con Homero. La majamama es un término que de puro familiar es muy claro. Todos sabemos en qué consiste. Desconozco su origen y por lo tanto es mía, tuya, nuestra. Se ordena sola. Uno la estudia, mira esa recolección de frutos raros, piensa en por qué están ahí, de dónde vinieron, los acomoda, los redistribuye, los desentraña. Cuestión de ponerle el ojo encima y olvidarse del discurso de la razón. Los cinco sentidos ayudan.

 Nueva revista literaria infantilEn el contexto de la Feria del Libro de Santiago, y con el título de "Había una vez" -el clásico comienzo de los cuentos infantiles-, se dará a conocer esta revista literaria orientada a niños y jóvenes, pero también a los padres, profesores, bibliotecarios y a todos los adultos interesados en incentivar la lectura entre los más jóvenes. Iniciativa única en su género dentro de Chile y segunda en Latinoamérica, la revista es fruto del arduo trabajo de un grupo de promotoras de la lectura lideradas por Rebeca Domínguez, quienes se iniciaron hace algunos años con una librería del mismo nombre.

Atractivas secciones le dan vida a esta publicación, en la que es posible encontrar "Datos Lectores", con noticias relacionadas con el tema, como la pronta realización en Chile del Primer Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil; o "Novedades", con breves reseñas de libros.

Asimismo, destacan en este primer número una entrevista a Antonio Skármeta en la cual el escritor chileno reflexiona acerca de la vertiente infantil dentro de su obra, y una ponencia de Ana María Machado (novelista brasileña) respecto de la literatura juvenil y sus desafíos en la actualidad. También se incluyen columnas del crítico literario Javier Edwards y de la psicóloga Mónica Larraín, así como "Recomendados", un apartado con títulos sugeridos por académicos y escritores.



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Foto:Carla Dannemann


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